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jueves, 19 de octubre de 2017
Fama de Santidad
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En la carta que escribió el padre de Domingo a Don Bosco para comunicarle la muerte de su hijo le comparaba con san Luis Gonzaga.

No era el primero en hacerlo, muchos compañeros ya lo hacían mientras vivía, pero después de su muerte, la fama de santidad de Domingo se extendió aún más.

Esta fama no sólo la tenía dentro del Oratorio y en los ambientes salesianos, Domingo era reconocido como santo, invocado y venerado por muchos fieles, su imagen estaba en muchos hogares. A la familia le llegaban peticiones de algún objeto que hubiese pertenecido a Domingo.

Su hermana Teresa cuenta cómo tuvieron que repartir todos sus objetos entre los chicos del Oratorio que llegaban a visitar la tumba de Domingo. Y la familia se sentía orgullosa de ser reconocida como los parientes del niño santo.

La fama de santidad de Domingo aumentaba con el tiempo porque respondía a las invocaciones que se le hacían. Con esto, Domingo no hacía más que continuar lo que ya había iniciado en vida: ser un hilo conductor de la gracia de Dios para todos los que le rodeaban.

El entusiasmo y simpatía por la figura de Domingo Savio fue también compartido por los Papas. Con gran alegría y sin ahorrar elogios para el «pequeño gigante de la santidad »

Pío XI le declaró Venerable el 9 de julio de 1933, Pío XII lo proclamó Beato el 5 de marzo de 1950, y Santo el 12 de junio de 1954. Muchos miles de adolescentes llenaban la Plaza de San Pedro y aplaudieron con fuerza al primer santo de 15 años.

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